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"Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol".

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Cuento (parábola) atrasado para el día del niño

martes, 17 de agosto de 2010

Esta es la alegre y triste historia del joven Samuel. Un niño que era feliz y jugaba muy bien al fútbol. Un día, un empresario vio las condiciones que Samuel tenía y les ofreció un contrato a sus padres para que el chico realizara malabares con una pelota en un circo importante de la ciudad. Sus padres aceptaron y Samuel comenzó a trabajar junto con su pelota en aquel majestuoso circo. Su sketch era muy aplaudido por el público porque las pruebas que realizaba eran verdaderamente asombrosas. Samuel pasó tres años trabajando como malabarista futbolístico e hizo muchos amigos allí, como por ejemplo dos payasos (José y Miguel), un equilibrista (Nida) tres leones (Óscar, Lépe y Kai), dos Focas (Lange y Have) y un caballo (Crima). Con todos logró conformar una amistad muy valiosa, menos con el dueño del circo (Sr. Julio), que no permitía estrechar relaciones por pura desconfianza.

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Publicado por Gastón Pereyra a las 9:34 0 comentarios    

Etiquetas: Escritos

El eterno Danola

miércoles, 11 de agosto de 2010

En busca de unos datos estadísticos del fútbol azuleño, fui a dar con unos diarios antiguos de la biblioteca Ronco, y encontré en uno de ellos una nota publicada en una sección llamada personalidades, que transcribo en parte a continuación:

"Cuando era adolescente, un médico de la familia me aconsejó que la única manera que había de mantenerse joven era trabajando toda la vida. Y a mi realidad hoy no hay manera de rebatirla" cuenta Romualdo Danola, tambero Azuleño de noventa y nueve años de edad, y tan fuerte de salud como el mejor roble que pueda encontrarse en la zona.
Danola trabaja desde los siete, cuando comenzó en el campo de su padre, y hoy, a días de cumplir un siglo de vida, continúa con la misma rutina de siempre y sin tomarse medio día de descanso. "En mi vida fui bueno para tres cosas", nos cuenta Romualdo, "el campo, el fútbol y las mujeres". Hasta cierta edad, Romualdo alternó sus labores y horarios con sus otras dos pasiones.
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Publicado por Gastón Pereyra a las 23:06 2 comentarios    

Etiquetas: Escritos

Visita inesperada

viernes, 30 de julio de 2010

Un noche llegó la muerte

a la casa de John Charles Thring
entró sin golpear y sin llaves
lo encontró acostado mirando fútbol
se paró frente a él y le dio a elegir:
La pelota o la muerte
John Charles Thring respondió sin vacilar: la pelota
y se murió.


Cuando la muerte viene...


Publicado por Gastón Pereyra a las 15:45 0 comentarios    

Etiquetas: Escritos

Los días infelices

lunes, 26 de julio de 2010


En Mayo de este año se publicaron una serie de fotos en las que se observa a Samuel Beckett paseando en unas vacaciones en Tánger, Marruecos. Las imágenes fueron tomadas por el escritor, artista y fotógrafo François-Marie Banier, y lo que más sorprendió al mundo conocedor de Beckett, fue la vestimenta que portaba en esas caminatas veraniegas: camisa arremangada marrón o remera azul, según la ocasión, bermudas cortas, bolso cruzado celeste, estilo bandolera y sandalias marrones. Este aspecto colorido y relajado mostró una cara oculta del creador de Esperando a Godot, al que no le gustaba dar entrevistas y daba escazas ocasiones para conocer situaciones de su vida privada.
Una foto de la serie publicada me llamó la atención: una en blanco y negro, en la que se ve a Beckett caminar por una extensa playa y en la que de fondo aparece a un niño en traje de baño, jugando solo con una pelota. Beckett en su andar no percibe al niño. No lo mira. El chico mientras tanto, permanece con su mirada puesta en la pelota, concentrado tanto o más que Beckett.
La foto fue sacada en agosto de 1978, cuando hacía apenas un poco más de un mes que había finalizado el Mundial realizado en Argentina. Aquel chico, seguro contagiado por la fiebre mundialista, recorre la playa llevando en su cuerpo la alegría del fútbol. Beckett en cambio, parece apesadumbrado y lleva a cuestas la otra cara del mismo mundial. Lleva el dolor, la angustia, el fracaso y el silencio.

Publicado por Gastón Pereyra a las 17:28 0 comentarios    

Etiquetas: imagenes

Mi hijo, el futbolista

martes, 20 de julio de 2010

¿Sabe lo que significa ser un pobre diablo, laburar como un logi y que apenas te alcance el sueldo para comer? El que no lo sabe, seguro es mi cuñado, que nació en cuna de oro. Todo le cayó del cielo: la casa del parque, el auto con apenas diez mil kilómetros y la empresa. Señora empresa que funciona sola. ¡Hay que tener suerte en la vida! y mi cuñado cayó parado como los gatos. Y a mí, ¡y a mí! ¿Quién me va a decir algo a mí? ¿Con qué autoridad me pueden cuestionar la vida? Si todo el mundo hace lo que puede. Yo hago lo mío. Qué lo de Santiaguito fue planeado no lo puedo negar. Lo buscamos, ¡pero con amor señor! no se vaya a confundir. Y sí, ya sabíamos que iba a ser futbolista. Pero nunca lo obligamos. Jamás lo forzamos. Le dimos la pelota a los poquitos meses de nacido pero el muchachito no la rechazó. Y así empezó. Buena alimentación y pelota. Nada de libros, ni de música, nada de cine y poquito de tele, sólo fútbol. La Chechu me dijo un día: O este sale bueno para el fútbol o nos queda tarambana. Y claro que salió bueno para la pelota, señor. Pero nunca abandonó su entrenamiento. Y le aclaro que jamás acepté que me lo entrenara otro de afuera. Su papito se le bancó sólo. ¿Y qué me dice ahora? He formado un profesional de primera. Mírelo usted, ya que lo tiene a la vista. Mire qué pose de número diez tiene ahí parado junto al malvón, apoyando la suela de su zurda en la número cinco. Sé que todavía es chico y que en cinco años cuando cumpla quince va a estar debutando en primera, pero la ansiedad es un problema que me cuesta manejar. ¿Sabe lo que es pasar diez años, entrenándolo día tras día, esperando que se haga grande y futbolista, soportando que el tiempo pase tan lentamente? Me he dedicado a contar las horas y a verlo progresar de a poquito. Dicen que la diferencia se nota más si se pasa un tiempo sin verlo. Pero a mí me cuesta percibirla porque lo tengo conmigo las veinticuatro horas del día. Pero a veces le confieso, que cierro los ojos treinta segundos, y cuando los vuelvo a abrir, ahí lo veo como si no lo conociera. Me acerco despacio y le pregunto: Oiga pibe, usted no será por casualidad Ricardo Bochini, o a ver, déjeme mirarlo bien. No, no. Usted debe ser El Enzo. No, discúlpeme. Usted no es otro que Mouriño. El pibe no me dice nada. Apenas me tartamudea algunas palabras pero si él se viera me entendería. Tiene más facha que George Best y que el Bambino Veira juntos. Se imagina lo que va a ser en unos años: excelente jugador y con facha. Me lo van a secuestrar las minas. Le falta por ahí un poco con la labia, pero es normal porque no le he permitido tener amigos todavía y le ha andado esquivo al diálogo. Es por el tema de la envidia, usted me entiende. Y ya que está acá ahora, por qué no me lo charla un ratito a ver qué le parece. Para saber si le falta mucho o para darnos cuenta si por ahí con un par de días lo acomodamos. Yo en ese tema, le digo la verdad, estoy en deuda y usted por ahí me puede ayudar ya que es tan leído. Con suerte, quién le dice, me lo nutre un poco con el tema de las palabras. Espere que se lo llamo: (chifla con los dos dedos más largos de ambas manos en su boca y grita): Santi, ¡Santi! (Santi no escucha. Juega con su pelota entre sus piernas) ¡Pibe! ¡Sordo! (el pibe mira a su padre) Vení que te quieren conocer (el pibe se acerca llevando la pelota con sus piernas) Eduardo, le presento a mi hijo, el futbolista.

Publicado por Gastón Pereyra a las 22:00 0 comentarios    

Etiquetas: Escritos

Pobre Miguelito

lunes, 12 de julio de 2010

¡Hay Miguelito que te avisé!... y no me llevaste el apunte. No fuiste capaz de preguntarme el motivo de mi negativa, y porfiado como tu padre, hiciste lo que se te dio la gana. Y por lo que a mí respecta, te advertí de las consecuencias, pero no limpiaste tus oídos para que escucharan. Siempre acurrucado detrás del tapial de ese asqueroso y maloliente baldío, metiendo la cabeza entre dos tablas y contemplando a los más grandes, que no te dejaban jugar, y que por maldad, tampoco te dejaban mirar desde una mejor ubicación. Pero tengo que reconocer que tu insistencia vale por mil perdones, porque cuando se llega a grande de algo puede llegar a servir, pero ahora de chico se vuelve perjudicial, porque uno piensa menos. Y eso fue lo que te ha pasado, no has pensado ni aunque sea por un mínimo instante, ya que ahí pasabas las tardes, mirando a los demás como pateaban una pelota de un lado a otro y se gritaban palabrotas, mientras el tiempo pasaba y no te dejaba nada bueno en la cabeza, ni una mísera idea. ¡Pobre de ti Miguelito!, que mis rezos a San Pablo no se oyeron... ¡Hay Miguelito que te lo anticipé! pero obstinado allí, te paraste nuevamente y colocaste tu pequeña cabecita entre las dos maderas flojas que daban a la calle Moro, ¿para mirar vaya uno a saber qué cosa tan importante? Podrías haber dedicado el tiempo a los libros para ser un Robespierre o un Lavoisier, o tal vez un John Fisher o un Carlos I, pero terminaste siendo un condenado de La reina de corazones. ¿Quién hubiera pensado que estando tan lejos podrías poner fin a ese partido ajeno? ¿Quién hubiera imaginado que ibas a terminar de esa manera? Si esa pelota no hubiera llegado hasta donde estabas, y no hubiera pegado en quién sabe dónde, para que tu cuerpito trastabillara y llevara sin querer tu flaco cuello hacia el filo de las tablas, que como cuchillas separaron tu ser en dos. ¡Hay Miguelito qué desafortunado has sido! Tal como tu padre que de joven también se fue con prisa, pero en distinta circunstancia. A él se lo llevó un río y a vos en cambio, te dio fin una incontrolable pelota. Tal vez Miguelito, allí te esté esperando tu padre para darte la bienvenida, después de haber nadado contra la corriente que nunca le dio respiro. ¡Hay Miguelito ya se te extraña! Y en el baldío nadie juega más por la tardes. Hasta tan precavidos han sido los vecinos del barrio, que sacaron el tapial por el que tanto espiabas. ¡Pobre de ti Miguelito! Que tan entusiasmado te tenía el fútbol y que no fuiste capaz de tocar una sola pelota en tu vida. Ni una sola pelota. Ni una sola.

Publicado por Gastón Pereyra a las 11:15 0 comentarios    

Etiquetas: Escritos

Después del tercero

martes, 6 de julio de 2010

Bien metida, toda... el cuello también, hasta los omóplatos. Y si te dejaban, hasta la cintura. Pero no pudiste. La apoyaste sobre la espalda de uno de tus muchachos que en ese momento ni recordabas quién era y dio la casualidad que era de la familia. Intentaste meter la cabeza en su espalda, pero no sobre ella, sino adentro, bien profunda y no lo lograste. Hubieses agradecido que su cuerpo fuera de barro húmedo para que permitiera la entrada de tu cabeza. Allí la hubieras alojado, por completo. Hubieses querido vivir el resto de tu vida con la cabeza incrustada en un cuerpo ajeno y nada más te hubiera importado. Pero no pudiste. Tal vez, podrías haber hecho como hacen las avestruces: un hueco en el medio de la tierra, para allí enterrarla y que nadie te viera, pero en ese momento no sé si lo llegaste a imaginar. Simplemente atinaste a meterla en lo que más cerca tenías entre tus manos: la espalda que portaba el número 16. Allí intentaste, entre el uno y el seis. O mejor dicho, quisiste pasarla por el redondel del 6, para después de haberla metido, tirar de la parte superior del número para cerrar el agujero y dejarla allí, así, para no escuchar un sólo grito. Todo podría haber sucedido, pero nada de esto pudiste hacer. Ya los sueños se habían terminado. La historia te porfiaba y el tiempo te demostraba que puede ser circular, pero por períodos más extensos. Y para peor, después vino otro y fueron en total cuatro. Y vos la querías tener adentro de la espalda de Sergio o de algún otro. En la tierra como los avestruces. Y no pudiste Diego. No pudiste.

Publicado por Gastón Pereyra a las 17:29 1 comentarios    

Etiquetas: Escritos

Encuentre las siete diferencias

lunes, 28 de junio de 2010

Publicado por Gastón Pereyra a las 22:07 1 comentarios    

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El último mundial

sábado, 19 de junio de 2010

Hasta la fecha, el mundial de Sudáfrica será recordado con el correr de los años, como el mundial de las vuvuzelas. Todos tocan vuvuzelas. Las hacen sonar. Juntan aire, llenan los pulmones y sin esperar demasiado, inflan sus bocas para generar un sonido similar a una colmena derribada.

El de al lado se mete la vuvuzela en la boca y te mira con los ojos bien abiertos. Mientras sopla te indica que lo imites. Vos le hacés caso y ponés a sonar tu vuvuzela. Ya sos parte del mundial. Suenan todas las vuvuzelas en el estadio. Todos soplan y generan una sordera masiva en el partido. Afuera también suenan y los vendedores ya no sólo te venden la enfermedad sino también el remedio: la promo es, vuvuzela más tapones de oídos. La verdad es que están a buen precio, y usted compra.
Desde la tribuna ve que los jugadores no se escuchan cuando se dan indicaciones dentro del campo de juego y menos lo hacen con los técnicos ubicados en los bancos de suplentes. El silbato del réferi tampoco lo oye y se da cuenta de una falta porque uno cae al suelo o porque otro toma la pelota con la mano y la acomoda en el césped.
El que está a su izquierda también tiene su vuvuzela. La disfruta más que usted. Toca cada siete segundos y en cambio usted lo hace cada tres o cuatro minutos ¿Su problema es que tiene asma y se le complica con la renovación del aire? No lo sabía. Pero igual mire al muy feliz de su vecino que toca cada vez como si fuera la última en su vida. ¡Cómo suena esa vuvuzela! A la suya, para ser sincero no se la escucha sonar. Es tanto el ruido general de todas sonando al mismo tiempo, que se pierde y da lo mismo que no la toque. Pero igual decide soplarla ¡Qué optimismo! Está bien en no preocuparse, total quién sabe si suena a no.
Qué mala fortuna que se haya quedado sin aire. Suspenda la vuvuzela por unos diez minutos, a ver si todavía queda seco en la tribuna por soplar una trompeta de porquería. Pasan veinte y siente una puntada en el pecho que lo está matando. Ahora está asustado en serio y el partido le importa poco y nada. Se le cierra la garganta y la puntada la siente como si un cuchillo lo clavara y se quedara escarbando, haciéndole daño. El de al lado suyo ni lo mira porque sigue tocando la vuvuzela y el del otro costado no lo alcanza a ver porque usted cae de rodillas en la tribuna con la vuvuzela en la mano. Queda en cuatro patas sobre uno de los asientos celestes y ya no le importa que vaya a ocurrir. Discúlpeme, pero me parece que da una imagen muy triste a las demás personas, pero no se preocupe, porque nadie lo ve. Todos miran el partido que está realmente emocionante y además tocan alegres sus vuvuzelas. ¿Pero qué es lo que hace? Se mete la vuvuzela en la boca y la intenta hacer sonar con el poco y casi imperceptible aire que le queda. ¿Cree que ha sonado? Le digo que no se escucha, pero usted la siente en su interior y eso lo pone feliz. Está contento porque piensa que tal vez, pueda ser la última vez que la haga sonar y también porque tal vez sea su último partido en un mundial, el mundial... de las famosas vuvuzelas.

Publicado por Gastón Pereyra a las 18:01 3 comentarios    

Etiquetas: Escritos

1-1

domingo, 13 de junio de 2010

Me rasca la espalda y no me mira. Está embobado con el televisor mirando ese partido de porquería. De a ratos suelta el control remoto, se mete la mano adentro del calzoncillo y se rasca con placer. Después saca la mano y se huele los dedos de uno y otro lado. Sin mirarme me agarra la cabeza y se la apoya contra el pecho. Así me quedo hasta que no se da cuenta y me zafo para terminar de quedar en contacto sólo con mi pierna derecha. Cuando me acuerdo, agarro del platito que está sobre la mesa de luz, algún que otro pedazo de milanesa. Está seca y cada tanto me empino la botella de agua fresquita. Como me da frío, me meto más adentro de la frazada hasta quedarme casi sin aire. Gritan gol desde la tele y no se inmuta. Al rato putea y no se entiende qué dice. Me pide milanesa y le doy en la boca. Se llena de migas de pan. Me llena de migas de pan. La cama llena de migas de pan. Pinchan como si fueran chinches. Las corro con las piernas y con las manos hasta donde está él y ni se entera. Mira la tele y se mete la mano adentro de los calzones. Voy sola hasta el pecho ahora y me aprieta fuerte. Cuando se olvida me suelto y lo miro. Me pide agua. Tomo primero yo y después le doy. Se enoja porque el vaso está casi vacío. La botella no tiene más y hay que ir hasta la cocina. Me da fiaca. Me meto entera debajo de las frazadas y me corre con las piernas. Con los pelos que tiene me pincha en las mejillas y sin querer me golpea con una de sus rodillas. Me pide agua. No salgo, aguanto con el poco aire que me queda. Lo escucho desde adentro comer más milanesas. Lo oigo masticar. Va a tener más sed y no hay agua y no quiero salir de acá. No me queda aire y saco la cabeza despacio. No lo miro. Como milanesa. Tampoco hay más pan. Ahora tengo sed, pero puedo aguantar más que él. Grita gol y putea al aire. Sin terminar de putear, engancha la puteada con el pedido de agua y después vuelve a putear al aire. Le digo que ahora voy, pero sé que no voy a moverme más. Pide milanesa, pide pan, pide agua, milanesa, pan, agua, pan. Meto la cara contra el colchón y aguanto la respiración. Casi no se escucha la tele. Me tapo los oídos con los dedos. Ya no escucho nada y me retumban los oídos del silencio. Debe estar pidiendo agua, pan y milanesas. Debe estar gritando gol. Debe estar puteando. Así me quedo. Hasta aguantar lo que más puedo.

Publicado por Gastón Pereyra a las 14:36 1 comentarios    

Etiquetas: Escritos

Diálogos III: Picar picar

miércoles, 9 de junio de 2010

SO: ¿Hasta cuándo vas a picar esa pelota?
L: Un rato más.
SO: Molesta el ruido (pausa) molesta verte hacer siempre lo mismo.
L: Si preferís no me mires.
SO: Te escucho igual.
L: Está bien (Toma la pelota con ambas manos)
SO: ...
L: Tomá (se la entrega)
SO: No la quiero.
L: A vos quién te entiende entonces.
SO: Yo (pausa) y sólo a veces.
L: Mejor diría nunca.
SO: ¿Recuperaste la otra que te robaron?
L: Todavía no.
SO: ¿Por qué no la vamos a buscar en vez de hacer nada?
L: Hay una gran diferencia entre hacer nada y esperar.
SO: ¿Qué estás esperando?
L: Nunca espero y ni esperaré en mi vida.
SO: Me canso.
L: Seamos amigos (pausa) es conveniente ¿no crees?
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Publicado por Gastón Pereyra a las 14:46 0 comentarios    

Etiquetas: Escritos

Pecados Futboriles: Pigritĭa

lunes, 7 de junio de 2010

Publicado por Gastón Pereyra a las 17:44 0 comentarios    

Etiquetas: imagenes

El bidet, Maradona y a portarse bien

miércoles, 2 de junio de 2010

Hoy por la mañana, leyendo el suplemento deportivo de Página 12 en su versión digital, me encontré con dos novedades: una noticia que si se la mira de manera inocente termina resultando simpática, y por culpa de mi curiosidad, con una oferta que por donde se la observe es preocupante.
En palabras del periodista Gustavo Veiga, leí algunas declaraciones de Colin Stier, gerente del HPC (High Performance Centre) de la Universidad de Pretoria, Sudáfrica, lugar donde se hospedó la selección Argentina para su preparación durante la Copa del mundo.
El gerente contó algunas de las pretensiones del técnico argentino, Diego Maradona. Según explicó, entre varios pedidos hubo uno bastante particular: "un bidet calefaccionado que, según el diario sudafricano Sunday Times, cuesta 358 euros".
Esta fue la parte risueña si se quiere de la noticia. También uno puede pensar, cómo puede ser que con tanta pobreza que hay en el mundo, alguien gaste mil pesos argentinos en un bidet (en realidad es una tapa para inodoro), pero creo que eso sería demagógico si se hiciera y no es la idea.
Continué con la nota y el periodista nombró la página de venta por internet donde ofrecen la tan solicitada tapa para baño y allí fui con mi curiosidad a ver la tapa en cuestión.
Rápidamente la encontré, pero las demás fotos de ofrecidos me atrajeron y continué hacia abajo, mirando a ver si había algo que me tentara un poco más. Inmediatamente me encontré con un producto que llamó mi atención. El texto de venta estaba en inglés, y aunque no lo domino a la perfección, lo leí y entendí sin problemas. Lo que se ofrecía era una pistola de descarga eléctrica para mejorar el comportamiento de los niños. Sí, así como lo lee. Por sólo 99.95 dólares usted podría tener con la Taseler, "a los chicos mejores vestidos y más respetuosos del vecindario".
Según se explica, la pistola lanza seis brotes de picos de púas de un solo disparo, con 40.000 voltios que garantizan el cumplimiento de los chicos más ingobernables. Traduzco el final(remate) del aviso: "Imagine la sorpresa la primera vez que ellos dicen NO, y usted le muestra ¡lo bien que funciona la Taseler para niños!"
La verdad no se me ocurre nada importante que decir. En realidad creo que no hace falta agregar mi opinión al respecto. Lo único que puedo suponer, es que si Macri se entera del producto, las niñeras de la ciudad de Buenos Aires deberán buscar otra clase de trabajo a desarrollar.

Publicado por Gastón Pereyra a las 12:09 1 comentarios    

Etiquetas: Noticias

Da Pena

jueves, 27 de mayo de 2010

Da pena verlo llegar. El cuerpo molido y desganado, la cabeza sostenida por un hilo de cuello y los pasos que sus piernas apenas creen. Nadie lo abraza, ni le explica que es la primera vez pero no la última que le sucede situación tan dolorosa. Nadie tampoco sabe, ni imagina, qué palabras lo pueden sacar de aquel pozo que parece de arena.
No sabe qué lo puede ayudar porque nunca le ha sucedido cosa igual y porque una única vida es lo que está condenado a vivir. Puede responder como lo hace un simple vidrio: romperse o resistir, pero tampoco lo piensa. Sólo lo inunda un deseo que lo carcome por dentro: la culpa. Se siente responsable, como si no hubiera podido responder a Caronte, y camina por su pieza como si estuviera condenado a cien años de lamentos. ¿Cuál es el motivo de tanto dolor en el alma? ¿Qué existe tan grave para que esté como ahora? ¿Qué hay tan irreversible para un arquero en un partido de fútbol? ¿Tanto mal puede hacerle un gol en contra? ¿Tanto sufrimiento puede producirle un error que posibilite un gol de los contrarios? Simplemente la causa es su corta edad. A los siete años no son muchos los errores groseros que se pueden cometer, pero esos escasos te marcan para siempre. Éste error es uno de ellos. Lo vive como si la pelota fuera Desdémona y él el moro de Venecia. Su mundo hoy es sólo este dolor y nada más. Es ese balón que se le coló entre sus manos y que traspasó de manera lenta esa línea de cal. ¿Quién hay que pueda decirle que le va a volver suceder? Si lo supiera, dejaría todo en este mismo momento. No hay nadie que se atreva. Sólo el eterno retorno de una situación que volverá a demostrarle que se puede repetir.

Publicado por Gastón Pereyra a las 21:59 0 comentarios    

Etiquetas: Escritos

Pecados Futboriles: Luxurĭa

viernes, 21 de mayo de 2010

Publicado por Gastón Pereyra a las 21:43 2 comentarios    

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El viaje

lunes, 17 de mayo de 2010

Entro al colectivo y mientras coloco las monedas en la máquina, observo que en el fondo hay un asiento de los individuales libre. Tomo el boleto y avanzo con ciertas dificultades porque el chofer frena de golpe y comienza a acelerar repentinamente. Logro sentarme. La espalda me duele demasiado y los pies se me han hinchado de tal manera, que las tiras de las sandalias comienzan a esconderse entre medio de la carne. Intento abrir la ventanilla pero no logro hacerlo; no poseo la fuerza suficiente. No me importa, ya que aunque con calor, estoy cómodamente sentada.

El viaje continúa y llamativamente en una parada, ingresa más gente de lo normal, colmando casi la totalidad del colectivo. En veinte minutos, el espacio libre que había ya casi no existe. Otra parada y suben treinta más: son barrabravas. Gritan y empujan. Ninguno paga su boleto. Un par discuten con el colectivero mientras se acomodan en el fondo. Si no me equivoco deben ser de Boca; traen banderas y camisetas azules y amarillas, y un bombo tan grande como el calendario Azteca. Todas las personas, y más aún las que están paradas, se van apilando como si fueran novillos rumbo a Liniers.
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Publicado por Gastón Pereyra a las 12:48 0 comentarios    

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Dos libros

martes, 11 de mayo de 2010


No quiero recomendar dos libros por no haberlos leído. Distinto es decir que no los recomiendo. Pero los puedo mencionar para saber de su existencia, que es lo más importante.

Son dos trabajos sobre fútbol, que en estos días se presentaron en el contexto de La feria del libro. Uno es "Ganar es de perdedores" de Ariel Magnus y el otro "La patria transpirada. Argentina en los mundiales" (nueva edición) de Juan Sasturain.

El libro de Magnus es de relatos y si bien ha rozado el fútbol en sus anteriores trabajos, es la primera vez que dedica de manera completa un libro al mundo de la pelota. El de Saturain analiza con su particular mirada todos los mundiales de fútbol y en esta oportunidad, amplía su edición anterior publicada en 2006 hasta las vísperas de Sudáfrica 2010. Como para que no queden dudas de la importancia que tienen en la vida de Juan dichos eventos, señala: "los ciclos en la vida de los hombres –incluyendo el recuento de hijos, esposas, ex esposas, estados físicos, anímicos o financieros– se cuentan en períodos cuatrianuales, precisamente delimitados por cada Mundial.

De Magnus no he leído nada, pero lo voy a hacer. De Sasturain, puedo decir que tuve la suerte de leer uno de los mejores cuentos que existen sobre fútbol llamado "Campitos".

Publicado por Gastón Pereyra a las 8:35 0 comentarios    

Etiquetas: Libros

Publicidad del blog

domingo, 9 de mayo de 2010

Por falta de presupuesto, la publicidad es exhibida en el mismo lugar al que alude

Publicado por Gastón Pereyra a las 12:32 0 comentarios    

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Pecados Futboriles: Delatĭo

sábado, 8 de mayo de 2010




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Diálogos II: P y H

miércoles, 5 de mayo de 2010

P: ¿Por qué llorás hora?
H: Por nada
P: No se puede llorar por nada
H: Sí que se puede: ¡mirá! (llora más fuerte)
P: Decile a tu padre que te pasa, por favor
H: Me da vergüenza
P: Pero si no me lo decís a mí, a quién sino...
H: A mamá
P: No está, vuelve a la noche
H: ¿Si la espero?
P: ¿Llorando?
H: No, paro y arranco un rato antes que llegue
P: Contámelo a mí, que yo te escucho
H: Está bien... (Vacila)
P: Dale, soy todo oídos.
H: Bueno... (Más decidido) pasó hoy en el cole
P: Limpiáte las lágrimas primero
H: (limpiándose con la manga) fue en el recreo
P: ¿Qué pasó?
H: Me gritaron gordo puto

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Publicado por Gastón Pereyra a las 12:13 0 comentarios    

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