Pasó el superclásico y mi vida sigue igual o más triste que antes. Durante toda la semana me ofrecieron un buzón y lo compré, pero creo que de ahora en más no voy a meter la mano en la billetera nunca más por este motivo. El partido lo vi con expectativas, no puedo negarlo, pero tampoco puedo ocultar que disfruté más después con Lanús/Vélez, o con mi segunda vez de Bastardos sin gloria por Cinecanal (Brad Pitt hablando en italiano con la pera hacia afuera paga la película). Recuerdo que la primera vez la vi en el cine de Corrientes y Montevideo, y también recuerdo que a la salida, caminé y discutí (intercambié opiniones) con N sobre el film. A N le había desilusionado cómo Tarantino había manejado algunas cuestiones como la relación entre historia y ficción. Yo le dije que, cuando uno va a ver una película de Tarantino sabe qué va a ver y no puede exigirle de más, y no necesité aclararle los ingredientes que su cine suele incluir: sangre, acción, violencia, ironía, cinismo, suspenso, logradas ambientaciones y algunas características más que se me escapan ahora. En ese momento N no quedó muy conforme con mi respuesta, y ahora que lo pienso mejor puedo aseverar que verdaderamente no fue muy inteligente lo que le dije, ya que lo que me estaba planteando era otra cuestión, que en su momento no logré entender. N no me hablaba de características, recursos o herramientas cinematográficas, sino del manejo que se puede llegar a hacer de una figura histórica como Hitler dentro de una ficción como la que había observado, pero yo, incapaz de comprenderlo lo minimicé.
El superclásico: una de Tarantino
martes, 17 de mayo de 2011
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la paradoja del partido perfecto
miércoles, 4 de mayo de 2011
Alonso, Alonsito para los amigos y familiares. Periodista conocido por su pasado glorioso en cuanto a su gran conocimiento del fútbol argentino, pero de flaco presente debido a que se aisló en su domicilio hace tantos años que ya perdió la cuenta. Hace un tiempo atrás, su esposa me recibió en su domicilio y cuando le expliqué el motivo de mi presencia, me adelantó que Alonsito podría no recibirme y me pidió disculpas. Yo le agradecí su sinceridad y esperé afuera su respuesta, mientras recordaba que en el diario no aceptaban ninguna clase de excusa si no regresaba a la redacción con, por lo menos tres mil caracteres para llenar aunque sea una columna para la edición matutina.
Alonsito finalmente aceptó mi visita y me atendió acostado en su cama sin preocuparse por ocultar su deteriorada imagen. “Como ese escritor uruguayo estoy”, fue lo primero que me dijo, “desde hace tiempo ya”. “¿Como Onetti?”, le pregunté. “Ese mismo”, me respondió. “Ya no me queda más que esperar”, volvió a hablar. No le pregunté qué cosa esperaba; pero imaginé su respuesta y preferí que no me la dijera. Su actitud era completamente de espera y era consciente de que se encontraba en el ocaso de una vida, que ya había cesado su voluntad de vivir.
“Nada de preguntas estúpidas como son todas las que me hacen los periodistas que he conocido”, me anticipó antes de que comenzara la entrevista. “Sólo te voy a contar una historia”, continuó “y espero que sirva para tu trabajo. Y si a los de tu diario no les interesa, a mí menos que a ellos”.
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Anotaciones
domingo, 17 de abril de 2011
-Cada vez que lo veo jugar a Almeyda me parece que yo podría hacer lo mismo en el preciso momento en que me encuentro sentado con pantuflas en el sillón de dos plazas de mi casa, pero ahora que recuerdo me sucede lo mismo con los cuentos de Felisberto Hernández, las películas de Hitchcock, las comidas de Narda Lepes y una lista interminable de actividades y personas.
-Los sábados por la tarde juego un torneo de fútbol en un club que alberga jugadores frustrados y ex jugadores que necesitan todavía sentir las cosquillas en su estómago que sólo da el fútbol de competencia. Cuando la pelota rueda pienso en ser como Almeyda, pero me termino pareciendo a Narda Lepes. Resulta ser entonces, que mi problema no es la falta de capacidad sino la equivocación del tiempo y lugar, y su inconexión con la actividad que desarrollo.
-Un jugador de fútbol famoso entra a un restaurant y la mayoría de los que allí se encuentran lo observan, algunos se acercan y le piden fotos o autógrafos, los más curiosos y molestos lo miran durante toda su estadía y el dueño del lugar no le cobra la cuenta. La noche termina, el jugador se va del lugar como entró, eso sí: más lleno y con la misma cantidad de dinero. Los demás también se retiran y entre ellos hay un físico nuclear que en la última semana logró un hallazgo trascendente para la historia de la ciencia argentina.
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De Boca o Tinelli
miércoles, 6 de abril de 2011
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La vida es sueño
lunes, 21 de febrero de 2011
Sábado por la noche. Cinco mujeres que rondan los sesenta años ingresan en la sala Martín Coronado del teatro San Martín a ver una obra de Calderón de la Barca. Todas visten ropas elegantes y caminan por el pasillo escaleras abajo en busca de sus butacas.
Silvia: La diecinueve Martita, la diecinueve.
Marta: Estaba creída que era la diecisiete, sabés.
Dora: ¿Por qué yo tengo la dieciocho?
María: Es verdad, ahora que recuerdo compré cuatro diecinueve y una dieciocho porque no quedaban más en esa fila, pero igual estamos cerca. Además, me dijo el chico de la boletería que cuando estuviera por comenzar la obra, podríamos pasarnos más adelante porque no se llena.
Dora: ¿Por qué me tocó a mí la dieciocho y no a Cecilia por ejemplo?
Marta: Debe haber sido casualidad, pero dale Dora, dejáte de hinchar, dale que total en un rato nos pasamos para adelante.
Cecilia: ¡Qué humo que hay! ¿será por las luces?
María: Debe ser la humedad. Miráme los pelos, hoy está insoportable.
Marta: ¿Cómo estás con los calores Ceci?
Cecilia: Hasta ahora bien, pero cuando me vengan te vas a dar cuenta.
Marta: ¿Y de Male? Tenés alguna novedad sobre el chico que conoció la semana pasada.
Cecilia: Parece que va en serio, sabés. Se volvieron a ver esta semana y dice que le cae bastante bien.
Silvia: ¿Qué tal es?
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Bombardeados por el fútbol
viernes, 4 de febrero de 2011
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Yo no fui, fue Pedro
miércoles, 26 de enero de 2011
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Mal, pero acostumbráu (biografía)
miércoles, 19 de enero de 2011
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viernes, 24 de diciembre de 2010
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¡Revolución!... eran las de antes
miércoles, 8 de diciembre de 2010
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Riquelme, yo y la pesadilla
martes, 30 de noviembre de 2010
Anoche tuve una pesadilla. Soñé que Riquelme me perseguía con su cara de nada. Corría por estrechas calles oscuras, llenas de pasajes y cada vez que me daba vuelta lo veía venir. Yo estaba de sobretodo marrón, paraguas y un maletín negro de doble hebilla. El asfalto estaba mojado como si hubiera llovido durante toda la noche, pero en ese momento nada de agua caía. Sólo una bruma pesada entorpecía mi visión, pero que aunque densa, dejaba ver la figura de Riquelme cada vez más cerca. Después de varias cuadras, doblé en una esquina que parecía me iba a permitir escapar definitivamente, pero mi intuición me traicionó una vez más. Había entrado en un callejón de cincuenta metros sin una salida visible. La única posibilidad que me quedaba era volver sobre mis pasos, pero no era una buena idea, ya que me encontraría con Riquelme, y eso era lo que precisamente intentaba evitar. En ese momento me pregunté: ¿Por qué me persigue? ¿Por qué le temo a Riquelme?, ¿Por qué Riquelme y no Erviti? ¿Si solamente me quiere decir algo, o preguntarme una cuestión insignificante como por ejemplo la ubicación de una calle?
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Breves al paso (femenino)
miércoles, 17 de noviembre de 2010
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Entrar y salir de la historia
lunes, 8 de noviembre de 2010
Milan Kundera comienza El libro de la risa y el olvido, con el final de la historia de Clementis, un camarada de Klement Gottwald, fundador del partido comunista checoslovaco. En febrero del cuarenta y ocho, Gottwald salió al balcón del palacio barroco de Praga ante cientos de personas, en la que fue la apoteosis del Golpe de Praga. Esa escena fue registrada por una fotografía que llegó a transformarse en miles por la reproductividad que hizo uso la propaganda oficial. En el momento en que se capturó la instantánea, Clementis se había sacado su gorro y se lo había prestado a Gottwald. Cuatro añnos más tarde, Clementis fue acusado de traición y posteriormente colgado. El departamento de propaganda borró de la famosa fotografía (y de todas en las que figuraba) la imagen de Clementis, dejando un espacio vacío en su lugar y sólo el recuerdo de su gorro en la cabeza de Gottwald. Clementis fue sacado de la Historia y ya no formaría más parte de ella.
El 10 de agosto de 1936, ocurrió un hecho futbolístico en la Alemania Nazi, que no fue borrado de la Historia porque nunca pudo ingresar en ella, o para expresarlo de manera correcta, porque nunca lo permitieron. En las Olimpíadas disputadas en Alemania, por los cuartos de final, Austria (país de origen de Hitler) enfrentó a Perú en el estadio Hertha de Berlín. El primer tiempo finalizó 2 a 0 a favor de los de los austríacos y en los segundos cuarenta y cinco minutos los peruanos lo igualaron en dos, pudiendo extender el juego a un tiempo suplementario. Aunque el árbitro noruego Kristiansen anuló tres goles a los sudamericanos, el partido culminó 4 a 2 a favor de Perú.
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El otro festejo
domingo, 31 de octubre de 2010
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Román Abramóvich: entre negocios, fútbol y arte
viernes, 22 de octubre de 2010

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La señora de Basile
miércoles, 6 de octubre de 2010
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La otra cara del fútbol
miércoles, 29 de septiembre de 2010
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Fin de partida
lunes, 30 de agosto de 2010
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¡Derrumbe!
jueves, 26 de agosto de 2010
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Fútbol a sol y sombra
sábado, 21 de agosto de 2010
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