viernes, 24 de diciembre de 2010
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¡Revolución!... eran las de antes
miércoles, 8 de diciembre de 2010
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Riquelme, yo y la pesadilla
martes, 30 de noviembre de 2010
Anoche tuve una pesadilla. Soñé que Riquelme me perseguía con su cara de nada. Corría por estrechas calles oscuras, llenas de pasajes y cada vez que me daba vuelta lo veía venir. Yo estaba de sobretodo marrón, paraguas y un maletín negro de doble hebilla. El asfalto estaba mojado como si hubiera llovido durante toda la noche, pero en ese momento nada de agua caía. Sólo una bruma pesada entorpecía mi visión, pero que aunque densa, dejaba ver la figura de Riquelme cada vez más cerca. Después de varias cuadras, doblé en una esquina que parecía me iba a permitir escapar definitivamente, pero mi intuición me traicionó una vez más. Había entrado en un callejón de cincuenta metros sin una salida visible. La única posibilidad que me quedaba era volver sobre mis pasos, pero no era una buena idea, ya que me encontraría con Riquelme, y eso era lo que precisamente intentaba evitar. En ese momento me pregunté: ¿Por qué me persigue? ¿Por qué le temo a Riquelme?, ¿Por qué Riquelme y no Erviti? ¿Si solamente me quiere decir algo, o preguntarme una cuestión insignificante como por ejemplo la ubicación de una calle?
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Breves al paso (femenino)
miércoles, 17 de noviembre de 2010
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Entrar y salir de la historia
lunes, 8 de noviembre de 2010
Milan Kundera comienza El libro de la risa y el olvido, con el final de la historia de Clementis, un camarada de Klement Gottwald, fundador del partido comunista checoslovaco. En febrero del cuarenta y ocho, Gottwald salió al balcón del palacio barroco de Praga ante cientos de personas, en la que fue la apoteosis del Golpe de Praga. Esa escena fue registrada por una fotografía que llegó a transformarse en miles por la reproductividad que hizo uso la propaganda oficial. En el momento en que se capturó la instantánea, Clementis se había sacado su gorro y se lo había prestado a Gottwald. Cuatro añnos más tarde, Clementis fue acusado de traición y posteriormente colgado. El departamento de propaganda borró de la famosa fotografía (y de todas en las que figuraba) la imagen de Clementis, dejando un espacio vacío en su lugar y sólo el recuerdo de su gorro en la cabeza de Gottwald. Clementis fue sacado de la Historia y ya no formaría más parte de ella.
El 10 de agosto de 1936, ocurrió un hecho futbolístico en la Alemania Nazi, que no fue borrado de la Historia porque nunca pudo ingresar en ella, o para expresarlo de manera correcta, porque nunca lo permitieron. En las Olimpíadas disputadas en Alemania, por los cuartos de final, Austria (país de origen de Hitler) enfrentó a Perú en el estadio Hertha de Berlín. El primer tiempo finalizó 2 a 0 a favor de los de los austríacos y en los segundos cuarenta y cinco minutos los peruanos lo igualaron en dos, pudiendo extender el juego a un tiempo suplementario. Aunque el árbitro noruego Kristiansen anuló tres goles a los sudamericanos, el partido culminó 4 a 2 a favor de Perú.
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El otro festejo
domingo, 31 de octubre de 2010
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Román Abramóvich: entre negocios, fútbol y arte
viernes, 22 de octubre de 2010

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La señora de Basile
miércoles, 6 de octubre de 2010
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La otra cara del fútbol
miércoles, 29 de septiembre de 2010
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Fin de partida
lunes, 30 de agosto de 2010
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¡Derrumbe!
jueves, 26 de agosto de 2010
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Fútbol a sol y sombra
sábado, 21 de agosto de 2010
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Cuento (parábola) atrasado para el día del niño
martes, 17 de agosto de 2010
Esta es la alegre y triste historia del joven Samuel. Un niño que era feliz y jugaba muy bien al fútbol. Un día, un empresario vio las condiciones que Samuel tenía y les ofreció un contrato a sus padres para que el chico realizara malabares con una pelota en un circo importante de la ciudad. Sus padres aceptaron y Samuel comenzó a trabajar junto con su pelota en aquel majestuoso circo. Su sketch era muy aplaudido por el público porque las pruebas que realizaba eran verdaderamente asombrosas. Samuel pasó tres años trabajando como malabarista futbolístico e hizo muchos amigos allí, como por ejemplo dos payasos (José y Miguel), un equilibrista (Nida) tres leones (Óscar, Lépe y Kai), dos Focas (Lange y Have) y un caballo (Crima). Con todos logró conformar una amistad muy valiosa, menos con el dueño del circo (Sr. Julio), que no permitía estrechar relaciones por pura desconfianza.
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El eterno Danola
miércoles, 11 de agosto de 2010
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Visita inesperada
viernes, 30 de julio de 2010
Un noche llegó la muerte
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Los días infelices
lunes, 26 de julio de 2010
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Mi hijo, el futbolista
martes, 20 de julio de 2010
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Pobre Miguelito
lunes, 12 de julio de 2010
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Después del tercero
martes, 6 de julio de 2010
Bien metida, toda... el cuello también, hasta los omóplatos. Y si te dejaban, hasta la cintura. Pero no pudiste. La apoyaste sobre la espalda de uno de tus muchachos que en ese momento ni recordabas quién era y dio la casualidad que era de la familia. Intentaste meter la cabeza en su espalda, pero no sobre ella, sino adentro, bien profunda y no lo lograste. Hubieses agradecido que su cuerpo fuera de barro húmedo para que permitiera la entrada de tu cabeza. Allí la hubieras alojado, por completo. Hubieses querido vivir el resto de tu vida con la cabeza incrustada en un cuerpo ajeno y nada más te hubiera importado. Pero no pudiste. Tal vez, podrías haber hecho como hacen las avestruces: un hueco en el medio de la tierra, para allí enterrarla y que nadie te viera, pero en ese momento no sé si lo llegaste a imaginar. Simplemente atinaste a meterla en lo que más cerca tenías entre tus manos: la espalda que portaba el número 16. Allí intentaste, entre el uno y el seis. O mejor dicho, quisiste pasarla por el redondel del 6, para después de haberla metido, tirar de la parte superior del número para cerrar el agujero y dejarla allí, así, para no escuchar un sólo grito. Todo podría haber sucedido, pero nada de esto pudiste hacer. Ya los sueños se habían terminado. La historia te porfiaba y el tiempo te demostraba que puede ser circular, pero por períodos más extensos. Y para peor, después vino otro y fueron en total cuatro. Y vos la querías tener adentro de la espalda de Sergio o de algún otro. En la tierra como los avestruces. Y no pudiste Diego. No pudiste.
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Encuentre las siete diferencias
lunes, 28 de junio de 2010
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